En términos sociales, a raíz de la invención de la imprenta, en el Renacimiento Europeo, la posibilidad de almacenar y difundir el conocimiento producido por algunos se potenció drásticamente. Pero fue hasta el siglo XIX, con la Revolución Industrial y cuando se estableció una escolarización obligatoria y bibliotecas públicas, donde se complementó el sentido de la lectura de todo lo escrito, es decir, el que cualquier individuo pudiera tener acceso al código y al mensaje de tal escrito (no se puede decir lo mismo en cuanto al acceso a escribir, por parte de cualquier sujeto). Al mismo tiempo, se desarrolló una infraestructura, por parte del Estado, que posibilitó su distribución; se puede pensar en la infraestructura desarrollada para producir y distribuir los libros de texto gratuitos en el nivel de la educación básica, en un país donde los libros son considerados como artículos de lujo. A su vez, en términos psicológicos, leer un libro impreso, implica una decodificación lineal y secuencial de los signos en que está escrito el mensaje, por lo que se hace uso de una lógica específica, lineal, para leer un documento. Por lo que generalmente se sigue la secuencia, que propone el autor al escribir su mensaje, y se lee página por página, de manera sucesiva (la página 1 antes que la 2, hasta acabar un párrafo, un capítulo o un libro). Es decir, conforma de cierta manera a la mente que aprende a leer la palabra escrita en un papel. A su vez, físicamente, se tiene un objeto finito, que de un solo vistazo podemos verlo, tanto sus páginas como todo el conjunto y contenido de las mismas (un contenido de información limitado); y de fácil acceso y transporte (una vez que se ha comprado o que se ha sacado de alguna biblioteca, se le puede llevar a cualquier lado, no pesa mucho y puede leerse en cualquier posición). En resumen, el libro impreso ha configurado una manera individual de tener acceso al conocimiento, una forma social de almacenarlo, distribuirlo y difundirlo, donde se ha privilegiado uno de los sentidos en los que pueden transitar los mensajes, del que hace el conocimiento al que lo consulta, y que al mismo tiempo, conforma una mente que lee de forma lineal y secuencial, a través de la decodificación de los signos lingüísticos que forman la palabra escrita, lo que no implica reconocerlo como un triunfo de la humanidad sobre sí misma.
Ahora, en la era del soporte digital, los textos digitalizados se han llevado sólo una de las características de los textos impresos, el uso de la palabra escrita. Sin embargo, no ocurre lo mismo con su estructura. Físicamente, lo que se tiene es una pantalla que deja ver una parte de la unidad básica del soporte digital (la página Web), estructurada bajo la forma de un hipertexto, donde se tiene acceso directo a distintos mensajes codificados en diversos lenguajes (imágenes, sonidos), a través de links o hipervínculos. Por lo que su lectura ya no es lineal y secuencial sino en red y no secuencial. Por lo que se puede suponer que implica otro tipo de conformación de quien trate de leer un texto digital. Se tiene acceso a ellos si se tiene acceso a una computadora, un software específico, un CD-ROM o la red Internet. Lo que todavía no ha llevado a desarrollar una infraestructura de acceso público y gratuito. El desarrollo de tal infraestructura sólo se ha consumado parcialmente en las escuelas, desde las universidades hasta las escuelas primarias, en países como México. El resto de la oferta de acceso a estos textos viene de las empresas de particulares (los café Internet). Por otro lado, la cantidad de información que se puede almacenar, en un texto digital es muchísimo mayor que en un libro impreso y se guarda en un soporte más ligero que una lapicera. Por lo que se hace necesario incluir instrucciones, por parte de quien crea el texto digital, de las maneras en que puede ser leído de acuerdo a la manera en que se presenta la información. El tipo de información que contiene y su extensión. En resumen, se puede pronosticar que la introducción del libro digital implicará otra conformación de la mente humana para poder “leerlo” y otro desarrollo social e histórico para adecuarse.
Por lo que en un periodo de transición de tecnologías, lo único que puede decirse es que mientras existan las mentes estructuradas bajo la anterior forma de codificación, seguirá existiendo la tecnología que utiliza tal código y soporte (los libros impresos) , y si en una sociedad del futuro se hace necesario la coexistencia de tecnologías (libros impresos y digitales), por que sea esencial pensar en distintas formas, entonces se promoverá el uso de distintos códigos y soportes, ya que se aceptaría que cada uno de ellos implica una forma diversa de pensar. Sin embargo, tal conclusión no deja de reconocer los dolores de cabeza que implica, para quienes estamos navegando entre dos olas, el aprender y reaprender otros lenguajes.